Faros de la Costa de la Vela: un tridente de luz que ilumina dos rías

En la península del Morrazo localizamos una imagen inusual que nos encanta, los faros de la Costa de la Vela, un tridente de luz que ilumina dos rías en un espacio de poco más de 6 kilómetros. Su situación estratégica hace que sean imprescindibles para marcar tanto la entrada sur a la Ría de Pontevedra como la entrada norte de la Ría de Vigo. Por ello, los hemos incluido en nuestra sección de faros de Galicia.

Faros de la Costa da Vela
Foto: Concello de Cangas

Pero vamos a ir paso a paso. Conocemos como Costa da Vela o Soavela al extremo más occidental del Morrazo en el ayuntamiento de Cangas. Concretamente se inscribe en la parroquia más grande de la localidad, O Hío, aunque entre 1821 y 1862 perteneció, no sin controversia, al vecino ayuntamiento de Bueu.

La forma del istmo del Morrazo no puede ser más marina ya que se asemeja a la pinza de un cangrejo. Se trata de un espacio natural que cuenta con las figuras de protección ZEPVN (Zona de Especial Protección de los Valores Naturales) y LIC (Lugar de Interés Comunitario).

Alberga hasta 25 hábitats naturales obteniendo la mayoría zona de protección 2, excepto la ensenada de Barra y la de Melide catalogadas como zona 1 de máxima protección. Su superficie es de cerca de 1.300 hectáreas, de las cuales más de 1.000 son de aguas marinas. La zona de protección submarina alcanza frente a la costa los 30 metros de profundidad.

La belleza de este territorio es indescriptible, os recomendamos conocerlo, descubrir sus secretos e iros a casa llenos de postales mágicas. Su litoral abrupto y rocoso nos habla de la necesidad de señalar la costa a los marineros. De hecho, si nos vamos un poco más al norte nos encontramos también el faro-baliza de Punta do Couso, antes del cabo Udra, para indicar la aparición de la mini-ría de Aldán, ya en la Ría de Pontevedra.

Pero hacia el sur nos encontramos un tridente mágico y una concentración de faros única en el mundo. Además, desde este punto podemos apreciar hasta 5 luces: la del faro de Cíes, la del faro de Cabo Silleiro y las de nuestros tres protagonistas de hoy.

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Faro de Cabo Home

Es en el punto terrestre más cercano a las islas Cíes, entre la isla de Monteagudo y Cangas, donde nos encontramos el primer faro de la triada, el faro de Cabo Home. A 38 metros sobre el nivel del mar destaca por ser una torre cilíndrica blanca con remarques azul marino en la base y las ventanas.

Su altura llega a los 18,5 metros y su luz alcanza las 9 millas náuticas.  Además de la linterna principal tiene otra auxiliar y una de emergencia. Este es el que más cerca se encuentra del punto más fotografiado de la Costa de la Vela, la caracola de Lito Portela. Una escultura marinera que permite escuchar a los visitantes el rugir del mar y un marco perfecto para las puestas de sol en el Morrazo.

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Faro de Punta Robaleira – Foto: Flickr © César Sotelo

El faro de Punta Robaleira es quizás es más representativo de esta costa por su llamativo color rojo. Situado entre Cabo Home y Punta Subrido, tiene una anchura mayor y es también mucho más achatado que sus esbeltos vecinos. Mide 6 metros y alcanza los 28 metros por encima del nivel del mar.

Desde ahí lanza destellos blancos y rojos cada 8 segundos que alcanzan las 11 y 9 millas respectivamente. Las aguas que lo rodean son elegidas por submarinistas deportivos en busca, quizás,  de algún pecio perteneciente a cualquiera de los naufragios que aquí sucedidos.

De su peligrosidad nos habla también el recuerdo, en forma de cruz blanca en el acantilado, de Pepe Ruíz, un pescador que murió navegando por estos mares. Pero no fue el único, también se hundieron en sus inmediaciones la lancha de pesca Nuevo Vivi y el pesquero Julio Vieira, entre otros.

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Faro de Punta Subrido – Flickr © Contando Estrelas

Mirando ya hacia Vigo nos encontramos el faro de Punta Subrido, el último del tridente. Es muy parecido al de Cabo Home, también blanquiazul, pero en esta ocasión con tan sólo dos pisos. Esta torre mide 13 metros de alto y se levanta a 53 metros sobre el nivel del mar. En su cima se puede observar su linterna, varias antenas y una cámara de video vigilancia.

Situado en el punto más alto del saliente rocoso de la ensenada de la Barra, su haz de luz llega a alcanzar las 10 millas. Aunque su proceso parece estar paralizado, fue solicitada la autorización para poder disponer del faro para usos alternativos. Si te acercas hasta este cabo puedes contemplar la playa de Melide y la playa de la Barra, considerada la mejor playa nudista de Galicia con 750 metros de longitud.

Y en un lugar tan extraordinario no podía faltar una buena historia para nuestra recopilación de leyendas de Galicia. El Patrimonio Inmaterial está tan vivo en nuestra cultura que la tradición oral nos trae en este punto un ejemplo más. En este caso, un monstruo marino causante de naufragios.

Tal y como nos recuerda Turismo de Galicia y Xoán en su web, la leyenda más popular del lugar se retrotrae a hace más de cinco siglos. Cuando los pescadores que faenaban en las proximidades de Cabo Home sobrevivían a algún hundimiento, contaban los aspectos extraños de sus siniestros. La fuerza del mar era salvaje pero en Cabo Home se podían distinguir unos dientes afilados.

Eran del monstruo que un día oscuro de tormenta salió del agua para amenazar con devorar a los habitantes de O Hío. En la descripción se habla de que era más grande que 143 elefantes, tamaño que no impresionó al guerrero y héroe Oridón que decidió enfrentarlo. Tras varios intentos logró vencerlo quedando sus púas petrificadas fuera del agua.

faros de la costa de la vela

Sus restos aún son visibles hoy en día, son esas rocas afiladas que puedes ver en el acantilado de Cabo Home. Si nos prometéis que no despertáis al monstruo oculto bajo estas tierras, en Bluscus, como expertos en turismo marinero, os invitamos a navegar cerca de él.

 

Fotografía de portada: Flickr © Carlos Luis Marticorena Rodríguez

 

About the author

Estudié Historia del Arte, una carrera que me animó a viajar e incluso a trasladarme por un tiempo al Mediterráneo. Pero mi mar es otro y mis anclas han estado siempre echadas en Galicia. Gran parte de mi vida la pasé a los pies del río Ulla, en Catoira, con familia a uno y otro lado de las aguas que separan las provincias de A Coruña y Pontevedra, que a la vez se abren hacia la más grande y céntrica de las rías gallegas, la ría de Arousa. Esta posición estratégica, y el viejo coche de mis padres, me permitieron conocer desde muy pequeña gran parte de la costa gallega que tanto me fascina. Al igual que gran parte de los gallegos, siempre he mirado al mar con sentimientos que ondean entre el respeto y el placer al ver en él una fuente de trabajo importantísima pero también de relajo y diversión. Además, cada vez que uno de sus tesoros gastronómicos se presenta ante mi consigue sacarme una sonrisa. El sabor a mar es uno de mis favoritos.

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