Si hay una ciudad que no os podéis perder en Bretaña, es sin ninguna duda la de Saint-Malo. Genuina fortaleza erigida frente al mar, ¡esta pequeña joya no os dejará indiferentes! Desde los corsarios, los marineros y los grandes exploradores hasta los aventureros de la Ruta del Ron, Saint-Malo es incontestablemente el país de los grandes viajeros.

Un poco de historia…

Podemos remontar la historia de Saint-Malo a la época de los galos, cuando los coriosolites ocupaban la ciudad de Aleth – hoy en día uno de los barrios de Saint-Malo. Ya era un puerto importante, hasta tal punto que cuando los romanos la invadieron, decidieron fortalecerla. Sin embargo, cuando se expulsaron a los romanos, no resistió a los ataques que venían del norte y el pueblo se desplazó hacia la roca de Saint-Malo. La posición estratégica del puerto siguió siendo fuente de conflicto entre los duques de Bretaña y los reyes de Francia, pero a finales del siglo XV, la ciudad se anexionó definitivamente al Reino de Francia.

Durante los siglos XVI y XVII, Saint-Malo era famosa por albergar los buques de los corsarios. En aquella época, la ciudad se enriqueció gracias al descubrimiento de las Indias y de las Américas con las que va a desarrollar intercambios de mercancías y se hace famosa con sus armadores, hombres de letras y científicos. Mientras Jacques Cartier, navegante y explorador malouin descubre Canadá y una parte de EEUU, el rey designa Saint-Malo como ciudad corsaria y así empieza una gran caza a los buques ingleses y españoles para pillarlos y hundirlos. Algunos de estos corsarios se hicieron muy famosos como Auguste Magon y sobre todo Surcouf, que hostigaba a los buques comerciales ingleses impidiéndoles usar la ruta de las Indias. A la diferencia de los piratas, los corsarios eran marineros que pertenecían a la tripulación de los buques civiles armados por el rey, o sea que atacaban bajo el orden del gobierno. Su objetivo principal era cortar los canales marítimos y comerciales a las naciones enemigas.

barco de corsario en Saint-Malo

Durante la Segunda Guerra mundial, la ciudad es destruida por los bombardeos de las fuerzas aliadas, pero ha sido reconstruida de forma casi idéntica y hoy en día Saint-Malo es un importante centro turístico estival, puerto pesquero y deportivo. Este paraíso portuario es también conocido por sus mareas, que están entre las más importantes de toda Europa. Estas ofrecen un inmenso terreno de juego para mariscar, ya que la bahía rebosa de berberechos, cangrejos, mejillones y camarones. Antes de aventurarse en sus playas y rocas durante la bajamar, es imprescindible informarse sobre los horarios de mareas para no verse atrapado.

Intramuros

Saint-Malo Intramuros

La construcción de las murallas de granito que encierran toda la ciudad data del siglo XII, aunque fueron ampliadas durante la Edad Media. Nos encontramos a une serie de puertas en la que se destaca la “Grande Porte”, la más antigua de la ciudad. El mejor medio para disfrutar de la infraestructura de Saint-Malo es dándole la vuelta al casco antiguo paseando en sus murallas. Estas albergan buena parte de los 83 monumentos históricos de la ciudad, como la Catedral de Saint-Vincent o el Castillo construido por los duques de Bretaña, clasificado monumento histórico. También os encontraréis con las mejores vitrinas de la gastronomía local: id a comer en una de sus numerosas creperías y marisquerías o a probar las especialidades bretonas como sus “craquelins”, tradicionales pequeños panes soufflés, los “kouign-amann”, tartas de mantequilla bretonas o los caramelos de mantequilla salada. Y por supuesto, ¡no os perdáis la ocasión de saborear una cerveza bretona en uno de sus viejos bares marineros!

El Fuerte Nacional y Fuerte de Petit Bé

Saint-Malo Fort du Petit Bé

Monumento emblemático erigido en medio del mar, el Fuerte Nacional fue construido en el siglo XVII según los planes del arquitecto Vauban, bajo los órdenes del Rey Sol. Era un bastión que servía para asegurar la protección de la ciudad contra los ataques enemigos. Al subir los daños del tiempo y de las tempestades, los muros del Fuerte Nacional tanto como su puente levadizo tienen que ser renovados muy a menudo, pero se puede visitar y así descubrir su larga y apasionante historia.

Por otra parte, Saint-Malo tiene dos islotes más: “le Grand Bé” y “le Petit Bé”. El primero es una isla deshabitada que se transforma en península cuando baja la marea. Ahí podréis descubrir la sepultura del famoso escritor Châteaubriand, nativo de Saint-Malo. No muy lejos, nos encontramos con “le Petit Bé”, en el que hay otro fuerte, también obra del famoso Vauban.

 

El Gran Aquarium de Saint-Malo

Ubicado en la entrada de la ciudad corsaria, el acuario propone un misterioso viaje por el mundo marino.  Se pueden admirar más de 600 especies tales como barracudas, pirañas, o cangrejos gigantes. La visita se hace de forma lúdica gracias a sus 8 espacios temáticos: el anillo de los tiburones (acuario a 360º), el acuario táctil, el submarino Nautibus o el Abyssal Descender, un simulador de descenso a los abismos.

 

El cementerio de barcos de Quelmer

A la orilla del río costero La Rance, se encuentra el cementerio marino de Quelmer en medio de un pequeño astillero naval. Proviene de una tradición que quería que los marineros dejasen sus viejos barcos en el arenal. Ahí los naufragios de barcos de los que emana algo místico nos recuerdan las películas de piratas.

 

Cementario de barcos - Saint-Malo
Foto de Hervé Guillermit

Las rocas esculpidas de Rothéneuf

Rocas Rothéneuf - Saint-Malo

Rothéneuf es uno de los barrios de Saint-Malo. Siendo natural de Rennes, pasé gran parte de mis veranos en la Playa del Nicet, una pequeña cala anidada entre un acantilado y a la que se accede por escaleras empinadas. Aparte de esta playa paradisiaca, Rothéneuf esconde un tesoro más bien insólito: ¡centenas de personajes esculpidos en la roca! Esto es la obra de cerca de 15 años de trabajo del Abad Fouré a finales del siglo XIX. Se volvió sordomudo después de un derrame cerebral y se refugió en las rocas de Rothéneuf, eligiendo a la escultura como nueva forma de expresión. El abad talló unos 300 rostros y animales inspirándose de los corsarios de la época.

 

Eventos

Amantes del mar, ¡no os perdáis los eventos marítimos de Saint-Malo! Campeonatos de surf, Ruta del Ron, carrera transatlántica Quebec – Saint-Malo, Fiesta de los deportes náuticos, regatas de windsurf… ¡Echad un vistazo a la agenda para organizar vuestro viaje!

About the author

Crecí en un pueblecito al lado de Rennes, capital de la Bretaña francesa. No sé si es el hecho de siempre haber vivido cerca del mar o de que mi padre sea un amante de la pesca, pero lo cierto es que me pusieron una caña de pescar en mis manos muy pronto. Me he ido alejándo de mi tierra para vivir en Barcelona, Málaga y luego Madrid y me di cuenta de que las costumbres bretonas estaban arraigadas en mí y surgió este sentimiento de “saudade”. Sin ninguna duda, lo que más me ha echado de menos mientras estaba viviendo fuera ha sido la cocina. ¿Cómo se puede vivir sin comer mejillones de Pénestin, pan con mantequilla salada o galettes rellenas de vieiras con una fondue de puerros? De hecho, este año he empezado un Máster de turismo gástronomico y enológico en Angers. Ahora me encuentro en Vigo, escribiendo en Bluscus para compartir con vosotros el amor que llevo a mi tierra, la Galicia francesa, esperando fomentar vuestro interés en ella.
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