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En 2013 la Organización Mundial de la Salud (OMS), emitió un informe instando a comer insectos como una posible solución al hambre en el mundo. En él se hablaba de las excelencias de una alimentación basada en la ingesta de insectos dada la gran cantidad de proteínas, vitaminas y minerales que contienen. Esta medida parece ser la solución al cambio climático pues los insectos emiten muchos menos gases de efecto invernadero que la mayoría del ganado.

Yo no sé vosotros, pero en cuanto escuché la noticia en el telediario mientras emitían imágenes de personas comiendo “bichos”, se me revolvió el estómago y pensé “tengo que pasar mucha hambre antes de que me coma un gusano”. Pero a decir verdad, si pensamos un poco en nuestra gastronomía, la del día a día, te puedes dar cuenta de que nosotros también comemos alimentos que seguro gente de otros países les puede resultar a la vista desagradable, hablamos del pulpo o de una navaja. Las navajas, una vez fuera de su vaina, desde luego no es que tenga un aspecto que diga “¡cómeme!” al menos en mi humilde opinión. Sin embargo a la plancha están para chuparse los dedos.

Lo mismo pasó cuando llegó la moda del sushi a España. Cuando era pequeña, pocos habían oído hablar del sushi, ni sabían que pudiese existir algo así. Eso de comer pescado crudo era impensable ¡con lo rico que está cocinado al horno o asado en brasas! ¿Crudo? ¡Oh my God! Sin embargo ahora, está a la última y de hecho existe un mercado bestial entorno al atún rojo llegando a pagarse cantidades desorbitadas por los mejores ejemplares en Japón. De tal manera que encontrar una mesa en un restaurante japonés es todo un reto. Lo mismo podemos decir del «ceviche» o el «tartar» de carne.

oreja de mar
Degustando la oreja de mar

¿Con todo esto a dónde quiero llegar? Pues muy sencillo. La mayor parte de las veces, no somos conscientes de la gran riqueza que existe en nuestras costas. Existen muchas especies que desde siempre han estado ahí pero no les hemos prestado atención. Sin embargo pueden estar al mismo nivel que un buen «tataki» de atún rojo o un cucurucho de grillos del mejor restaurante asiático.

Especies como el erizo de mar, los «caramuxos»,las hortiguillas o las mismas lapas. ¿ y qué me decís de la oreja de mar? ¿sabíais que en Galicia existe la única planta de oreja de mar de España y que tiene todas sus producciones vendidas a Japón?  Y nosotros ni la apreciamos cuando en Japón la oreja de mar es muy consumida. Todas estas especies las tenemos aquí, en nuestro mar, las vemos a diario en las rocas pero poca gente conoce que son un majar digno de los paladares más exquisitos.

Hoy día estos productos están empezando a abrirse mercado de la mano de grandes chefs que los utilizan cada vez más en sus platos o de los profesionales gastronómicos.  También algunos emprendedores se han lanzado a producir y comercializar unos productos que, no sólo son una verdadera delicatessen, sino que aportan tantas proteínas, minerales o vitaminas como los mismos insectos recomendados por la OMS.

Nosotros también apostamos por estos productos no tan comerciales en España. En nuestros showcookings y degustaciones ya hemos sorprendido a nuestros clientes con este tipo de producto. Nuestro querido chef Alberte Gutiérrez le encanta jugar con sus sabores y texturas. El pasado 23 de febrero en nuestra ruta a pie por Vigo pudimos experimentar unos deliciosos «caramuxos» en la Taberna a Mina. Un recuerdo del pasado, cuando los recogíamos a pie de playa con nuestros primos.

Caramuxos
«Caramuxos» en Taberna A Mina (Vigo)

Otra fantástica oportunidad para probar este tipo de productos es la ruta de la Conserva por la Rías Altas, en la que se pueden degustar todo tipo de algas en conserva.

Hasta aquí llegamos con este post en la que os queríamos descubrir otras especies no tan conocidas pero con un alto nivel nutritivo y delicioso sabor.

About the author

Desde siempre me he sentido atraída por el mar. Me crié junto al él, respirando su día a día, en un pueblecito pesquero cerca de Sanxenxo. Eso me enseñó lo importante que es para muchas familias y el papel fundamental que juega en el mantenimiento del equilibrio ecológico en nuestro planeta. Por eso, ya desde muy pequeña, tuve muy claro que quería ser de mayor y en que quería poner todos mis esfuerzos. Así que me licencié en Ciencias del Mar y me hice oceanógrafa. Pero no me quedé ahí, porque yo quería transmitir mi pasión por el océano y sus recursos, y poner mi granito de arena en lo que pudiese, en concienciar sobre la importancia de cuidarlo y poder vivir de él no sólo en el presente sino también en el futuro. Se me ocurrió que una buena forma de hacerlo era llevando el mar a la gente, y que mejor forma que a través del turismo. Por lo que me decidí a hacer el Ciclo Superior en Guía, Información y Asistencia turística en Vigo. Actualmente, y tras terminar estos estudios, me encuentro realizando prácticas en la mejor empresa que pude encontrar, pues me permite llevar aunar mis conocimientos sobre el mar, con la experiencia de lo que es la vida en el mar hasta la gente, hasta el turismo: Bluscus

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