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Los barcos rabelo: la imagen (de marca) del río Duero

Quien conoce la ciudad de Oporto, en Portugal, sabe que unas curiosas embarcaciones tradicionales forman parte de su paisaje. La línea de costa de los márgenes del río Duero está adornada por estas barcos rabelos que hoy hacen de fondo a las fotos de los turistas, pero que en otros tiempos formaron parte de la historia de Portugal y de su vino más exquisito y apreciado mundialmente: el vino de Oporto.

Era en las márgenes del Duero, donde se plantaban los viñedos para el famoso vino de Oporto. Y éstos eran inaccesibles, solamente se podía llegar hasta ellos por barco. Pero no era un camino fácil, antes de la construcción de las presas, la corriente fuerte y rápida dominaba este río.

Solo un barco con un diseño especial podría enfrentar estas condiciones y hacer el transporte del vino. Así nació el barco rabelo

Las características del rabelo

visita oporto
Fotografía de Marco

Con un fondo plano, está formado por tablas sobrepuestas y no posee quilla. Estas son las características especiales que hacen que se adapte a un río de montaña, como es el Duero:

Mide entre 19 y 23 metros de longitud y 4,5 metros de manga (medida transversal del barco, de estribor a babor).

Su característica vela es cuadrada y las primeras embarcaciones solo contaban con un mástil. Más adelante en la historia, se pasó a usar un segundo mástil en la proa. En la popa, un remo largo llamado espadela, direcciona el barco. En esa época un barco rabelo podía contar con hasta siete hombres en su tripulación.

Dos personas se  encargaban de la escota (que regula el ángulo de la vela y controla la incidencia del viento sobre la misma), dos de la verga (madera perpendicular al mástil, que sirve para agarrar la vela), un hombre se ocupaba del timón o espadela, y un hombre se ocupaba de la proa para controlar el camino. Los demás tripulantes tenían otras funciones menos relacionadas con el barco y más con el control de la carga.

Un viaje de trabajo y fe

paseo en barco Oporto
Fotografía de Pedro

Como cada viaje era una aventura, sin saber si había regreso, muchos hombres depositaban toda su fe en cada salida. Por ese motivo los nombres atribuidos a los rabelo son tradicionalmente religiosos. Igualmente por ese motivo, se pueden encontrar muchos santuarios religiosos a lo largo del curso del río.

Muchos fueron los marineros que allí perdieron la vida, incluso Joseph James Forrester, conocido por dirigir la productora de vino Offley.

El Barón Forrester se cayó al Duero desde un barco rabelo en 1861 y nunca fue encontrado. Según cuenta la historia, el peso de las monedas que llevaba con él en ese momento hizo con que fuera directamente al fondo del río.

 El trayecto habitual de este vino

La uva salía de los viñedos en la zona de Alto Douro, y una vez transformado en vino seguía en pipas por el río Duero en los barcos rabelo hasta las conocidas bodegas de Vila Nova de Gaia, en Oporto y ahí era almacenado y posteriormente comercializado para todo el mundo.

Cada barco rabelo podía llegar a transportar hasta 100 barriles de vino de Oporto en cada viaje

En el final de la edad media, Oporto era ya una importante zona comercial, estatus que mantiene hasta hoy, siendo actualmente la segunda mayor ciudad de Portugal.

Del transporte de pipas al trasporte turístico

paseo en barco Oporto

La llegada del ferrocarril en 1887 trajo otras posibilidades de transporte a este vino, por lo que la utilización del barco rabelo empezó a decaer. Algunos registros demuestran que en 1961 tan solo estaban en actividad seis  barcos rabelo en el Duero. Hoy es posible ver estos barcos en los márgenes del río, asumiendo un carácter puramente turístico y de interés cultural.

Es posible hacer cruceros en réplicas de estos históricos barcos y atravesar la margen del Duero hasta las bodegas del vino de Oporto.

Al menos dos veces al año es posible ver estos barcos navegando en regatas y embelesando el Duero como en otros tiempos: el día del patrón de esta ciudad, San Juan día 24 de junio, así como el día del vino de Oporto, el 10 de septiembre.

 

Fotografía de portada: Feliciano Guimaraes

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