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La isla de Cortegada: el pasado del bosque de laureles

El archipiélago más pequeño de los integrados en el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia es el que hoy venimos a presentaros, el de Cortegada. Un total de 191 hectáreas lo conforman siendo tan sólo 43’8 de ellas terrestres. Cortegada, As Malveiras, Briñas y el islote de O Con integran el territorio insular al que rodean las 142’2 hectáreas marítimas restantes. Estas aguas, en las que el río Ulla llega a su fin, marcan el carácter estuario de Cortegada diferenciándola del resto de islas que componen el Parque Nacional gallego.

Marisqueo Carril

Si vas a Carril
nada máis chegar
verás Cortegada
deitada no mar
deitada no mar
ollando por ela
van os mariñeiros
van os mariñeiros
en botes de vela.

Canción popular

Situados en el interior de la ría de Arousa, muy próximos a Carril, encontramos la frondosa masa forestal húmeda que en nuestros días es la isla de Cortegada aunque no siempre fue así. Para que emergiese uno de los bosques de laureles más grandes de Europa fueron necesarios muchos años de abandono, casi un siglo. El valor natural no fue el predominante en la Historia de Cortegada, por lo que cabe señalar también su importante valor cultural e histórico, a veces desatendido.

Comenzando por el principio, hablaremos de sus primeros habitantes documentados, los romanos. Ellos la llamaron Corticata y dejaron en las inmediaciones de la isla vasijas que permitieron datar su estancia en estas tierras sin muchos más pormenores. Posteriormente, ya en la Alta Edad Media, los que se instalaron en Cortegada fueron los normandos pero también los musulmanes, todos ellos con el fin último de atacar Compostela. La isla se convirtió en un lugar estratégico, de descanso y donde asegurar sus naves para no hacer peligrar la vuelta a casa con la carga de los tesoros compostelanos. La elección de este puerto de desembarco y campamento se explicaría porque, a escasos quilómetros, se encontraba el Castellum Honesti de Oeste, en Catoira, el fuerte más importante de todo el sistema defensivo construido en la ría de Arousa para proteger la ciudad de Santiago.

Cortegada

Años más tarde, probablemente en el siglo XIV, se instalará una ermita a la Virgen de los Milagros a la que se le pedía acabar con el avance de la peste negra que asolaba Galicia. No podemos olvidar que la isla era un lugar por el que pasaban peregrinos del Camino de Santiago, concretamente de la Ruta Xacobea Mar de Arousa-Río Ulla. Por ello, y por la proximidad de los puertos de Carril y Vilagarcía, se podría justificar la construcción de un hospital-lazareto a finales del siglo XVI. De este “hospitalillo” de peregrinos conservamos restos, al igual que de la capilla, del siglo XVII. En ese momento se trasladarán desde el núcleo de la aldea a su ubicación actual, más próxima al embarcadero. La ermita de Nosa Señora de Cortegada se encuentra hoy en estado ruinoso manteniendo todavía el blasón del arzobispo de Santiago, Fernando de Andrade y Soutomaior, coronando la puerta principal.

Fotografía antigua en la aldea de la isla de Cortegada
Fotografía antigua en la aldea de la isla de Cortegada © www.patrimoniovilagarcia.com

Actualmente quizás la capilla sea el principal recurso cultural e histórico conservado pero existen otros vestigios de alto valor etnográfico. Junto a la ocupación religiosa, y gracias al agua dulce que nacía en la isla, se fue estableciendo en ella una aldea de la que aún se mantienen en pie las paredes de muchas viviendas así como lagares, muelas de molino o los pies de algún hórreo. Los habitantes de la isla de Cortegada tenían entre sus actividades económicas la pesca, el marisqueo, la agricultura y la ganadería. Por eso, el paisaje de la isla por aquel entonces, y hasta el momento del abandono, distaba mucho de lo que hoy en día podemos contemplar. El escaso arbolado y los cultivos minifundistas predominaron en la isla hasta comienzos del siglo XX.

Cortegada
Fotografía antigua de la isla de Cortegada © www.patrimoniovilagarcia.com

El abandono de la isla llegará con el cambio de la propiedad. A finales del siglo XIX comienza a lanzarse la idea, no desinteresada, de construir un Palacio Real en la costa gallega compitiendo con otras ciudades de la península. La intención era conseguir convertir Vilagarcía en una gran ciudad-balneario, por lo que se considera seriamente donarle la isla de Cortegada a la monarquía para su residencia estival.

La donación se realizó en primera instancia en el año 1907 a nombre de Alfonso XIII, aunque para que el proyecto se materializase, los veinte vecinos que aun no había dejado la isla tenían que irse. Algunos lo hicieron a la fuerza, otros haciendo negocio pero todos los habitantes de Cortegada acabaron por desalojar sus casas. A pesar de todo esto, cuando se registra definitivamente la donación, en 1910, el rey ya había edificado el Palacio de la Magdalena, en Santander, y el plan urbanístico en Cortegada se cae. El pueblo se quedó sin sus tierras y el monarca se hizo con una isla en el atlántico que apenas utilizó en una ocasión como coto de caza.

Carril desde a illa de Cortegada
Carril desde la isla de Cortegada

La isla de Cortegada volvió momentáneamente a ser de dominio público durante la II República española regresando a la familia real tras la Guerra Civil, durante el franquismo. Concretamente pasó a ser propiedad de Juan de Borbón quien, en 1979 la vendió a una inmobiliaria compostelana con el curioso nombre de “Cortegada S.A.”. Los planes futuros de la isla pasaban por la construcción de un puente, de hoteles, chalets y hasta de un auditorio que nunca llegaron a buen puerto debido a los impedimentos de la ley de costas pero también a la presión social.

 

“Cortegada é nosa, defendámola”
“Cortegada es nuestra, defendámosla”

Lema de la comisión ciudadana Pro-Cortegada

Ante la situación existente, en el año 1989, nacerá la comisión ciudadana Pro-Cortegada con el fin de reivindicar el uso público de la isla de Cortegada así como la memoria de los vecinos que se sentían estafados. El resultado de estas exigencias llegó dieciocho ochos después cuando, en el 2007, la Xunta de Galicia compra la isla a la inmobiliaria. Cortegada vuelve a ser, desde ese año, de dominio público y se inscribe dentro del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia por su valor natural y paisajístico.

Lo cierto es que la naturaleza fue la que realmente se adueñó del archipiélago durante los años de abandono. Los laureles plantados por los últimos vecinos crecieron en busca de luz llegando hoy a superar, algunos ejemplares, los 17 metros de altura y los 2 metros de perímetro convirtiéndose en uno de los bosques de laurisilva más grandes de Europa. Por no hablar del viejo sauce, probablemente el habitante más antiguo de Cortegada o del roble “comepiedras” al que, plantado junto a un muro, se le incrustó una piedra en el tronco. Además, este rincón arousano guarda también más de 800 especies diferentes de hongos algunos de ellos raros y otros en peligro de extinción, el paraíso de la micología.

Desde Bluscus os animamos a adentraros en la Isla de Cortegada y también a disfrutar del Camino de Santiago por mar para conocer su biodiversidad y escuchar las historias de las piedras caídas, o a medio caer, de la vieja aldea carrilexa.

* Fotografía de portada Turismo de Galica

About the author

Estudié Historia del Arte, una carrera que me animó a viajar e incluso a trasladarme por un tiempo al Mediterráneo. Pero mi mar es otro y mis anclas han estado siempre echadas en Galicia. Gran parte de mi vida la pasé a los pies del río Ulla, en Catoira, con familia a uno y otro lado de las aguas que separan las provincias de A Coruña y Pontevedra, que a la vez se abren hacia la más grande y céntrica de las rías gallegas, la ría de Arousa. Esta posición estratégica, y el viejo coche de mis padres, me permitieron conocer desde muy pequeña gran parte de la costa gallega que tanto me fascina. Al igual que gran parte de los gallegos, siempre he mirado al mar con sentimientos que ondean entre el respeto y el placer al ver en él una fuente de trabajo importantísima pero también de relajo y diversión. Además, cada vez que uno de sus tesoros gastronómicos se presenta ante mi consigue sacarme una sonrisa. El sabor a mar es uno de mis favoritos.
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