+34 657 63 59 99 Horario de verano: De lunes a sábado 10.00 a 14.00 y 16.00 a 19.00 info@bluscus.es
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Casco Viejo Vigo

Situada al sur de Galicia y en plenas rías Baixas se encuentra Vigo. Lejos de ser una ciudad perfecta, Vigo ofrece al visitante una ciudad llena de vida, bulliciosa y de planes tentadores. Y es que en los últimos años ha destacado como ciudad vanguardista que apuesta por un estilo de vida propio vinculado al mar, de espíritu joven, pero sin perder sus raíces. Prueba de ello es la nueva oferta cultural, gastronómica y de ocio que está surgiendo y que hoy os proponemos en una escapada de fin de semana a la ciudad olívica.

La primera parada será en el lugar que dio origen a la ciudad, el monte de O Castro. Lugar elegido por los primeros pobladores en los siglos II y III a.C. para asentarse y donde aún se pueden ver los restos encontrados en el yacimiento arqueológico. Desde aquí vemos cómo fue creciendo Vigo, arriba y abajo por sus laderas, formando así su característico paisaje urbano. Desde lo alto de la fortaleza de O Castro se respira el carácter portuario de la urbe. Los 20 km que forman el puerto de Vigo se despliegan por la costa de oeste a este incluyendo zona pesquera, industria naval, terminal de cruceros y contenedores de mercancías. Desde aquí podemos disfrutar de uno de los mejores atardeceres sobre la ría, con la península del Morrazo y las islas Cíes de telón de fondo.

Vista de la ría desde O Castro. Foto de Contando estrelas

Bajando hacia el puerto deportivo, otras de las paradas obligadas en la ciudad es la zona antigua, el casco vello. En los últimos años se han restaurado muchos edificios de este barrio histórico conservando todo su encanto en piedra. La práctica habitual de la zona es ir de tapas y cañas, así que lo mejor es pasear por sus callejuelas peatonales y pequeñas plazas hasta elegir dónde sentarnos. Tenemos opciones para todos los gustos, desde tascas de los años 70, hasta locales de aires renovados donde tomarnos un vermú acompañado de unas nécoras, las conocidas ostras o un buen lacón con grelos. El ambiente es relajado y se ha convertido en punto de encuentro entre vigueses y visitantes.

Hablar de Vigo también es hablar de mar, por eso la visita de la ría de Vigo es un paseo obligatorio y una de las mejores formas para descubrirla es salir a navegar en velero. La ría de unos 35 km de largo desde su bocana hasta el exterior en Baiona, ofrece al visitante un paisaje único. Para los que aquí viven la ría es fuente de riqueza y trabajo y muestra de ello son las bateas donde se cultiva el mejillón y la ostra, salpicadas por toda la ría formando figuras geométricas.

Una vez embarcados si observamos hacia el horizonte nos encontramos con las islas Cíes, que hacen de frontera natural entre ría y océano Atlántico. Las islas Cíes forman parte del único Parque Nacional gallego, el Parque Marítimo Terrestre Islas Atlánticas.

Acercarse a Cíes es es pisar un paraje salvaje y una parada recomendable para todo amante de la naturaleza. Una vez en las islas lo mejor es subir a alguno de los miradores como el alto del Príncipe para ver la cara más salvaje de la isla formada por acantilados y avistar algunas aves. Las habitantes habituales de la isla: la gaviota patiamarilla donde tiene la colonia más grande España o el cormorán moñudo, también conocido como corvo mariño. Si la época del año lo permite no se puede marchar uno sin zambullirse en las aguas de la playa de Rodas o de A Nosa Señora de tonos turquesas, estampa típica de postales paradisiacas.

Islas Cíes
Foto de Jaime Varela

Para acabar nuestro paseo, navegamos ahora hacia el interior de la ría. Pasamos por debajo del puente de Rande que nos señala la entrada a la ensenada de San Simón. Esta zona fue escenario de la histórica batalla de Rande, en la que en 1702 galeones españoles que volvían cargados de oro de las Indias fueron asaltados por los navíos de Inglaterra y Holanda, dejando así un gran tesoro sumergido bajo sus aguas. Curiosamente, Julio Verne escribió sobre este hecho en Veinte mil leguas de viaje submarino, cuando el capitán Nemo llega a la bahía de Vigo a bordo del Nautilus para aprovisionar su submarino con el oro aquí encontrado. Para saber más sobre todos los tesoros aquí escondidos es imprescindible la visita del nuevo Museo de Meirande  que nos presenta un viaje en el tiempo por todas las riquezas culturales de la zona.

Nuestra última parada de este paseo por la ría será la visita de San Simón y San Antón, dos pequeñas islas situadas en medio de la ensenada. A pesar de su pequeño tamaño esconden mucha más historia de la que podemos imaginar, ya que tuvieron diferentes usos según la época, desde lazareto para leprosos en cuarentena, a finales del siglo XIX, hasta cárcel, durante la guerra civil española.

Isla de San Simón
Puente entre San Simón y San Antón. Foto de Marta Sixto

Ponemos rumbo a tierra y una vez de vuelta para terminar nuestra incursión en el mundo marino podemos acercarnos al Museo del Mar. El edificio, situado en Alcabre, fue un antiguo matadero reconvertido hoy en día en un espacio que nos muestra la larga tradición que une a Galicia con el mar. A poca distancia del Museo del Mar, llegamos al barrio de Bouzas. Este barrio conserva su tradición marinera y tiene uno de los paseos a pie de mar más transitados para disfrutar de una agradable caminata. Entre las callejuelas de su casco antiguo podremos encontrar bares y restaurantes dónde disfrutar, a modo de despedida, de una merecida comida gallega a base de marisco y pescado. Prueba de que las rías Baixas siempre dejan buen sabor de boca.

Museo del Mar de Galicia

Ya lo comentamos al inicio, Vigo no es perfecta, pero tiene el encanto capaz de provocar en el viajero intensas emociones, con su paisaje, su gastronomía y su gente. Atreveros a visitarla y dejaros seducir por la ciudad y su ría.

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