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Hoy volvemos a una costa abrupta donde la presencia humana ha añadido espectaculares y pintorescos rincones. Faros, puertos pesqueros, leyendas y tradiciones caracterizan la Costa da morte donde sobresale la localidad de Fisterra y su famoso cabo. Se trata de un lugar mágico lleno de historias y rituales que iremos desmenuzando a lo largo de esta publicación protagonizada por su faro.

Finisterre
Foto de Turgalicia

Del Finis Terrae, donde se creía estaba el fin del mundo, cabe destacar que no es el punto más occidental de Europa como muchas veces se ha dicho. Ni siquiera es el punto más occidental del litoral gallego. Tanto Cabo Touriñán como su vecino Cabo da Nave están más al oeste. Pero para llegar al punto más al poniente de la Península Ibérica y de Europa tenemos que irnos hasta Portugal, más concretamente hasta el Cabo de Roca.

Esto no resta simbolismo al lugar que los autores clásicos identificaron como el Promontorio Nerio y el Ara Solis, un altar de culto al sol que mandaría destruir el Apóstol Santiago y que habían construido los fenicios. Como recuerdo del lugar devocional que siempre ha sido nos quedan multitud de leyendas de tipo religioso en distintas piedras cerca del Cabo Finisterre.

Cheguei a Fisterra, alí onde
o sol desmaiado e silandeiro
morre no mar como unha bágoa.
(…)
Cheguei ata Fisterra,
fin do mundo:
aquí
o tempo inmobilízase
e a vida comeza a súa
inexorábel conta cara atrás.

Fisterra – Manuel María – Versos do lume e do vagalume (1982)

Desde épocas remotas se señaló este punto en el mapa por lo mágico pero también por lo trágico. Para evitar los naufragios, se encendían fuegos que alertaban a los navegantes de la proximidad de la costa. Concretamente, el lugar que se utilizó como primitivo faro fue el Monte do Facho, el punto más alto de este cabo (241 m). Allí encontramos los antecedentes del faro actual. Del antiguo Facho sólo quedan las ruinas de la garita de los guardianes del fuego que además de ayudar a los navíos también servía para advertir de las incursiones. Una de esas invasiones piratas hizo desaparecer el referente religioso de los peregrinos del pasado, la ermita de San Guillerme vinculada a cultos de fertilidad. Este lugar sigue conservando su encanto pero actualmente es obviado por los peregrinos como espacio sagrado.

Ermita de San Guillerme - Flickr ©amaianos
Ermita de San Guillerme – Flickr © amaianos

Los visitantes acuden hoy casi exclusivamente al nuevo faro en el monte de Santo Uxío. Se trata de uno de los dos primeros faros de primera orden del Estado y el primero de la Costa da Morte. Se inauguró en 1853 y fue diseñado por Félix Uhagón quién ubicó su luz a 143 metros sobre el nivel del mar. La linterna, que gira en el sentido contrario a las agujas del reloj, emite actualmente el destello de luz blanca cada 5 segundos. Con el paso del tiempo ha habido muchas reformas e intervenciones como la inauguración del servicio de radiofaro en 1922 siendo también uno de los primeros, así como la puesta en marcha de la estación del sistema de radionavegación en 1982.

fisterra
Flickr © Saverio Sartori

Estas mejoras dejaron obsoleta la que fue la primera sirena de la costa española, situada en el edificio anexo al faro y obra de Ángel García del Hoyo. Comenzó a funcionar en 1889 y era conocida popularmente como “la vaca de Fisterra” por su curioso ruido  y por la semejanza de sus bocinas a unos cuernos. Ya en el año 1880 se había aprobado un proyecto para cambiar de emplazamiento el faro, debido a las quejas de armadores ingleses que habían perdido muchos barcos en naufragios y accidentes en las proximidades de Fisterra. Pero los estudios concluyeron que sería una solución poco útil y se optará por la colocación de la sirena. Inicialmente funcionaba con aire comprimido y una máquina a vapor que aumentaba la carga de trabajo para el tercer torrero  del faro. Este trabajo extra era compensado con una peseta a mayores en su sueldo.

La sirena marcaba la diferencia en los días de niebla, que era cuando se accionaba ya que la luz del faro perdía visibilidad. Ante la falta de vista, el oído, “la vaca” bramaba a cada minuto para avisar a los marinos y sobresaltar a los visitantes. A pesar de que los avances técnicos la han dejado fuera de juego se pide su recuperación como Patrimonio de la Humanidad Inmaterial. Puedes escucharla aquí.

La sirena de Fisterra – Flickr © El Mirror

El tercer edificio de este faro es el Semáforo, en una posición más elevada que el propio faro, se construyó en 1879. Fue un proyecto de Joaquín Vázquez y emitía señales para la Marina de guerra. Fue rehabilitado por César Portela en 1998, también autor del cementerio municipal próximo al faro, y se ha convertido en un hotel de turismo rural con restaurante y cafetería. Como es característico del arquitecto, se le añadieron unas galerías acristaladas a la estructura original del edificio.

Por todo esto y más, Fisterra es el segundo lugar más visitado de Galicia después de la Catedral de Santiago. De hecho, uno de los Caminos de Santiago termina aquí, considerándose el kilómetro cero de la peregrinación jacobea. El Camino de Finisterre se remonta, muy probablemente, al inicio del peregrinaje cuando el caminante buscaba purificarse en el mar dejando atrás la vida anterior para comenzar una vida nueva. Pero además, en Fisterra también se obtenía, en un primer momento,  el “justificante” de peregrino a Compostela, la concha de vieira. Este símbolo, conocido internacionalmente, era recogido en las playas “del fin del mundo” para demostrar en el camino de vuelta a casa que eran peregrinos jacobeos. Actualmente en Fisterra se pueden conseguir las conchas pero también la Fisterrana, la certificación oficial que se obtiene en el albergue presentando la credencial del peregrino.

Desde Bluscus os invitamos a caminar a Fisterra pero también a conocerla por mar junto a otros faros de la Costa da morte. ¡Acompáñanos!

 

Flickr © compostelavirtual.com

Imagen destacada: Flickr © _guu_

About the author

Estudié Historia del Arte, una carrera que me animó a viajar e incluso a trasladarme por un tiempo al Mediterráneo. Pero mi mar es otro y mis anclas han estado siempre echadas en Galicia. Gran parte de mi vida la pasé a los pies del río Ulla, en Catoira, con familia a uno y otro lado de las aguas que separan las provincias de A Coruña y Pontevedra, que a la vez se abren hacia la más grande y céntrica de las rías gallegas, la ría de Arousa. Esta posición estratégica, y el viejo coche de mis padres, me permitieron conocer desde muy pequeña gran parte de la costa gallega que tanto me fascina. Al igual que gran parte de los gallegos, siempre he mirado al mar con sentimientos que ondean entre el respeto y el placer al ver en él una fuente de trabajo importantísima pero también de relajo y diversión. Además, cada vez que uno de sus tesoros gastronómicos se presenta ante mi consigue sacarme una sonrisa. El sabor a mar es uno de mis favoritos.

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