Poco tienen que ver las embarcaciones tradicionales a las que hoy nos referimos con los navíos históricos que muchos asocian al galeón. Y aunque de esos también tenemos en las rías gallegas, hundidos, engrandeciendo nuestro patrimonio cultural subacuático, los industriales y prácticos galeones gallegos son otra historia. Sin duda, un fiel reflejo de la carga de trabajo de pequeños puertos que deben su comunicación marítima a una de las más relevantes embarcaciones tradicionales de Galicia, en esta ocasión, por su tamaño.

paseo en galeón

El origen de los galeones

En su acepción histórica el galeón fue un barco a vela de grande porte, similar a una galera, con tres o hasta cuatro palos, que se utilizó en el comercio con América entre los siglos XV y  XVII. Pero en Euskadi y Galicia también se denominó así a las embarcaciones de gran capacidad y propulsadas a remo para la caza de la ballena y el transporte de redes de pesca desde finales del siglo XV y principios del siglo XVI. En una de las cantigas de Alfonso X el Sabio ya nos encontramos este término, utilizado desde el siglo XIII en todo el litoral de la Península Ibérica.

Sin cañones y a remo

Aunque es sabido que existió con anterioridad, la primera inscripción conocida de un galeón como barco de transporte está fechada en el año 1834 en Vilagarcía de Arousa. Los galeones son barcos grandes, con más de 8 metros de longitud pudiendo alcanzar hasta los 25 metros de eslora. Su aspecto se acostumbra a calificar de “barrigudo” por tener también un ancho considerable. Su proa es recta y se inclina ligeramente hacia adelante mientras que la popa es amplia, muy inclinada y redondeada en las esquinas. Esta forma tan característica también se denomina “popa de rabo de galo”.

Galeón «RH NºUno» Fuente: Facebook © Tiago Arís

En cuanto a su propulsión, utilizaban una gran vela cangreja, además de velas en la proa (trinqueta y foque). Su mástil estaba ligeramente inclinado hacia popa recordando a la vela de relinga. El galeón también portaba cuatro grandes remos para continuar la travesía cuando el viento se ausentaba. Los remos tenían una gran longitud que obligaban a remar de pie.

Fuxe o día encol das ágoas nas velas do galeón que leva a estrela da tarde na punta do botalón.”

«Outa mar», O Galo, 1927. Luís Amado Carballo.

Los sacrificios de los artesanos navales

Las maderas utilizadas en la construcción de los galeones fueron el roble y el pino del país, trabajadas especialmente en la Ría de Arousa. Las carpinterías de ribeira más destacadas estaban en Isorna (Rianxo), Ponte Beluso (Boiro) y Noalla (Sanxenxo), pero las manos ejecutoras no siempre eran de la zona.

Se tiene constancia de la llegada de carpinteros de ribeira que se desplazaban por temporadas a trabajar a Arousa, donde más abundaron los galeones. En esos períodos fuera de casa, las manos expertas trabajaban en las playas para cubrir la demanda arousana de este tipo de embarcaciones. Y aunque fuesen más utilizados en la Ría de Arousa, muchos de los galeones se fabricaron por carpinteros de ribeira llegados de Noia y O Freixo (Outes).

Su función industrial

A pesar de su aspecto robusto eran barcos muy manejables por lo que podían llevar tan sólo a un patrón y dos o tres marineros a bordo. Por otro lado, la escasa altura del casco y a su reducido calado facilitaban la carga y descarga. Es por eso que el galeón permitió relaciones comerciales de un ámbito más local evitando las complicadas comunicaciones por tierra.

Galeón Novo Sofía como areeiro © Arquivo Asociación Rabandeira

Todo en su construcción estaba pensado para responder como barco de trabajo. Tenía gran capacidad de carga y gran estabilidad siendo una embarcación muy segura. Entre sus principales funciones estaba el transporte de mercancías y personas. Sus formas planas estaban pensadas para navegar en las rías y no tanto en mar abierto. Realmente su misión era la de llegar a puertos de poco calado, a pequeñas calas cerca de las fábricas. Muchas veces eran cargados y descargados en seco aprovechando la bajamar.

Cientos de galeones en la Ría de Arousa

Decenas de galeones ocupan el espacio de la mayor ría de Galicia contribuyendo a su crecimiento económico. La adaptación al medio condicionó los tamaños y medidas, la diversidad alcanzada en sus aparejos y su versatilidad.

Galeón «Adelino Manuel» anteriormente conocido como «O Presioso».
Propiedad de la Asociación Calmoseira, Illa de Arousa.

“Fixeron do galeón o Land Rover da década dos 40 e 50”

Dionisio Pereira

Los galeones más pequeños cargaban algas o transportaban barro, no acostumbraban a sobrepasar los 10 metros de eslora. Los más comunes eran los que hacían las rutas en el interior de la Ría de Arousa, con cerca de 13 metros de eslora y llegando a alcanzar una velocidad superior a los 6 nudos.

Para las singladuras fuera de la ría, como llevar teja a Marín, cargar madera de Camariñas o comprar pescado a flote desde Muros hasta Leixões (Porto, Portugal), se usaban galeones más grandes. Estos superaban los 20 metros de eslora y armaban dos palos con botavara en las velas cangrejas. Los viajes eran más largos por lo que la tripulación aumentaba contando 4 o 5 hombres.

Pero… no fueron los únicos

El origen del galeón como embarcación para transporte de mercancías estarían en el llamado galeón de las artes. Un barco en torno a los 10 metros de eslora que se utilizaba para las artes de arrastre, especialmente la jábega. En este caso se trata de una embarcación abierta, sin tilla y sin corredores que estuvo en uso en las Rías Baixas hasta la década de 1950.


Fotografía antigua del muelle de pau perteneciente al libro «A Illa de Arousa, Un percorrido no tempo» de la Diputación de Pontevedra.

«Un mar tranquilo de ría, y un galeón que navega con nordeste fresco. Viana del Prior, la vieja villa feudal, se espeja en las aguas. A lo lejos se perfilan inmóviles algunas barcas pescadoras. Son vísperas de feria en la villa, y sobre la cubierta del galeón se agrupan chalanes y boyeros que acuden con sus ganados.»

«Águila de blasón» Comedias bárbaras, 1907. Ramón María del Valle-Inclán.

El galeón del puerto fluvial de Pontecesures tenía, según el estudioso Staffan Mörling, unas características menos evolucionadas. Se diferenciaba por la popa recata y más estrecha que la proa. Este tipo de embarcación tradicional armaba vela relinga, ayudada en ocasiones por un foque, de ahí que se considere más arcaico.

Entre las variantes de los galeones hay quien, como Jesús Blanco, introduce el extinguido Sancosmeiro. Una embarcación para el transporte de mercancías y pasajeros propia de la Ría de Muros y Noia. Construido en la parroquia de San Cosme, que le da nombre, su tamaño podía oscilar entre los 8 y los 10 metros de eslora.

¿Y en las Rías Altas?: El trincado

En la costa norte, extendiéndose hasta Corme, también existió una embarcación de pequeño cabotaje con un papel similar al galeón, aunque de mayor tamaño. Se trata del trincado, más adaptado para navegar en mar abierto, que cayó en desuso en torno al 1920 siendo substituido por balandros y vapores. Este no fue el caso del Villa de Cedeira que, tal y como narra Jesús Blanco, permaneció en activo hasta los años 40 transportando leña en la ida a A Coruña y artículos de consumo en su vuelta a Cedeira.

Trincado «Ría de Ferrol». Fuente: Culturmar

Como el galeón, esta embarcación tradicional es una evolución de la lancha ganando capacidad de carga para el transporte de redes grandes en un primer momento y  de mercancías a posteriori. Su casco es alargado con extremos curvos y la cubierta prácticamente abierta. A diferencia del galeón, se cree que su construcción inicial fuese en tingladillo, como las dornas, y no a tope.

Trincado en Ferrol ca. 1910 con el Castillo de San Felipe al fondo aparejando vela relinga.
Fuente: Fondo Ruiz Vernacci del Instituto del Patrimonio Cultural de España.

El principio del fin

Los galeones empezaron a estar obsoletos con la mejora de las comunicaciones terrestres a principios de los años 60. Tanto la generalización de los camiones, como el desarrollo económico con cambios en la actividad tal como el fin de la salazón substituida por la conserva, contribuyeron a la desaparición de esta embarcación tradicional como barco de trabajo. Los nuevos sistemas de venta de las capturas en subasta también terminó con la compra a flote y los galeones se adaptaron para dedicarse a otras actividades.

Galeón «Illa de Cortegada» de la Asociación Rompetimóns de Carril.

La salida más habitual para los galeones fue servir como auxiliares de batea pero también participaron en dragas de puertos, estuarios y desembocaduras de ríos, eran los llamados «areeiros» (areneros). Tras su abandono definitivo, algunos tuvieron la suerte de ser salvados por distintas asociaciones culturales que los devolvieron a la vida. Es por ello que aun podemos ver galeones y trincados navegando por nuestras rías.

Galeón areeiro del Río Ulla reconvertido en drakkar para la celebración de la Romaría Vikinga de Catoira.

 “Cando un barco morre, moita xente para.
E cando un barco se recupera,
moita xente se pon en movemento.”

João Baptista

Actualmente siguen navegando algunos galeones gracias a la labor de muchas asociaciones culturales gallegas.

Desde Bluscus os invitamos a seguir disfrutando y a seguir reconociendo las embarcaciones tradicionales gallegas. Sólo a través de su conocimiento conseguiremos su protección y puesta en valor. ¡Apostamos por la tradición!

Bibliografía relacionada y recomendada:

  • Blanco, Jesús; Guía de las embarcaciones tradicionales gallegas. Edicións Nigra Trea, 2009.
  • Pereira, Dionisio; Galeóns de Arousa. Grupo Etnográfico Mascato, 1997.
  • Angueira, Anxo; Iria. Edicións Xerais, 2012.

Fotografía de portada cedida por: Asociación Cultural, Deportiva e Prestadora de Servicios Xuvenís Rompetimóns

About the author

Estudié Historia del Arte, una carrera que me animó a viajar e incluso a trasladarme por un tiempo al Mediterráneo. Pero mi mar es otro y mis anclas han estado siempre echadas en Galicia. Gran parte de mi vida la pasé a los pies del río Ulla, en Catoira, con familia a uno y otro lado de las aguas que separan las provincias de A Coruña y Pontevedra, que a la vez se abren hacia la más grande y céntrica de las rías gallegas, la ría de Arousa. Esta posición estratégica, y el viejo coche de mis padres, me permitieron conocer desde muy pequeña gran parte de la costa gallega que tanto me fascina. Al igual que gran parte de los gallegos, siempre he mirado al mar con sentimientos que ondean entre el respeto y el placer al ver en él una fuente de trabajo importantísima pero también de relajo y diversión. Además, cada vez que uno de sus tesoros gastronómicos se presenta ante mi consigue sacarme una sonrisa. El sabor a mar es uno de mis favoritos.

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