La ligera y valiente buceta es una de las embarcaciones tradicionales que encontramos por todo el litoral gallego, aunque hace décadas que se han dejado de construir para los marineros. Probablemente se trate del barco de popa redonda más extendido en Galicia, siendo de esa misma familia las lanchas, trincados, traineras, bateles y racús, entre otras tipologías.

Lo cierto es que su denominación varía según la zona en la que nos encontremos. En el área de la costa norte, de A Coruña a Lugo, se le llama también perica y en la Ría de Muros y Noia se conoce como canoa. Estas acepciones responden a variantes constructivas que se enmarcarían dentro del término más común, el de buceta. Curiosamente, esta palabra describe, en portugués, la forma de la embarcación vista desde arriba equiparándola con el órgano sexual femenino.

Buceta o canoa Donas en O Freixo, Outes. Asociación Terra de Outes.

Ahora que ya sabemos lo que representa para el mundo lusófono, ahondaremos en los elementos característicos de una de las embarcaciones tradicionales gallegas más difundidas.

¿Qué es una buceta?

La buceta es una embarcación tradicional simétrica, de doble proa, que deriva de la lancha aunque su eslora es menor (5 metros aproximadamente) y su ancho más uniforme. Su diseño funcional se debe precisamente a que su manga es corta en relación a su eslora presentando un característico casco alargado y ligeramente curvo y lanzado en los extremos. Los costados son lisos ya que están construidos “a tope”, las tablas no van superpuestas, sino arrimadas y apretadas unas contra otras, lo más habitual en la carpintería de ribera gallega.


Buceta A Fanequeira – 2009 – Videoteca Foro Modelismo Naval – Youtube

También reconoceremos a la buceta por la ausencia de cubierta, sólo lleva bancos y dos pequeñas cubiertas en los extremos que refuerzan y estabilizan el casco. Los elementos estructurales se hacía de menor  grosor que, por ejemplo, sus predecesoras, las lanchas xeiteiras o los posteriores botes polbeiros. Por lo tanto, su construcción es ligera y sencilla con elementos clave como los bancos y las remadoiras (entre 2 y 3 a cada lado). Según el estudioso Staffan Mörling los colores predominantes con el que se pintaban las bucetas eran el blanco o el verde pero por debajo de la línea de flotación siempre eran negras, debido a la mezcla de alquitrán que se utilizaba para que la flora y fauna marinas no dañasen el casco.

Valor y ¡al remo!

Es precisamente su poco peso lo que hace de la buceta una embarcación muy apta para el remo. Su casco estrecho mantiene mejor la dirección del movimiento y no ofrece resistencia al avance. Lo más habitual era el uso de tres pares de remos aunque la tripulación era variable, pudiendo embarcar de uno a tres marineros.

Buceta A Boureante en el Puerto de Combarro. Se pueden observar los bancos y remadoiras. Clube Mariño A Reiboa.

La práctica del remo fue protagonista en muchas fiestas de villas marineras, las regatas de bucetas gozaban de gran popularidad. Tenemos constancia de que fueron imprescindibles hasta finales de los años 60, como mínimo, en las fiestas patronales de la Ría de Ferrol pero también en la Ría de Muros y Noia. En la Ría de Arousa eran conocidas las regatas de embarcaciones tradicionales, tanto masculinas como femeninas, de Carril que coincidían con la festividad de San Fidel. Sabemos que el 29 de junio de 1930 en la regata de bucetas tripuladas por mujeres quedó primera «Bernardita«, patroneada por María Martínez y segunda «Anita«, con Teresa Maneiro. [1]

Regata de bucetas durante las fiestas patronales de A Cabana, Ferrol. Año 1976.
Fuente: visionesdeferrolterra.blogspot.com

Sin embargo, esa no fue su labor principal. En origen, las bucetas trabajaban como auxiliares de embarcaciones más grandes y, en la obra de Antón Zapata, estas embarcaciones aparecen también como auténticas heroínas participando en labores de socorro en naufragios.

Choran no porto as mulleres,
pregando â Virxe do Carme…;
e, abordo de unha buceta,
seis pescos van arriscarse
pol-os do barco estranxeiro
que ollan a morte dediante…
(…)
¡A maresía, namentres,
canta o «Requiescant in pace»!…


MARIÑA DE INVERNO
Antón Zapata García; Revista da ABC Partido de Corcubión en Buenos Aires, 1928.

Un barco polivalente

Las bucetas también podían ser impulsadas a vela apareciendo más frecuentemente la relinga, la latina y la mística. La vela de relinga era habitual en los puertos de mar abierto mientras que la latina de pico se utilizaba sobre todo en las rías. La adaptación al entorno fue clave en su desarrollo ya que se expandió por todo el mapa litoral gallego.

Además, estas embarcaciones tradicionales se adecuaban muy bien a la navegación en zona de corrientes así como a la costa rocosa y brava. Fueron siempre muy valoradas para la pesca con aparejos pequeños como la línea, el palangre, el curricán o el mediomundo (rede cómica sujeta a un aro). Alguna vez se podía trabajar con redes de poco tamaño, como las llamadas betas, pero no era lo más habitual ya que había barcos más especializados para esas modalidades de pesca.

Entre las capturas más habituales estaban las fanecas, los congrios, los abadejos o el pulpo. Otra labor en la que las bucetas eran importantes era el marisqueo. Para mejorar la comodidad a la hora de la extracción se llegaron a incorporar corredores que facilitaron la faena diaria. Al caracterizarse por una construcción simple, no necesitaba una gran inversión por lo que podía ser propiedad de una sola persona beneficiando directamente la economía familiar.

Sin descanso en el invierno

Salir en invierno a faenar durante varios días es impensable. Las embarcaciones tradicionales se varaban durante los meses con peores condiciones climatológicas y no volvían al mar hasta la vuelta del buen tiempo. La familia marinera sobrevivía con lo ya capturado y vendido. Sin embargo, la buceta también era útil en estos casos. Debido a su levedad es mucho más fácil de varar, lo que permitía salir en días invernales con buenas condiciones para la pesca y volver más cómodamente a tierra.

De repente, unha buceta,
—aproveitand’a “calada”,—
vái por séis remos levada
 lixeira como saeta
por entre d’a marexada!…

N’A RÍA DE LAXE
Antón Zapata García; El Eco de Teo, «Revista Mensual» en Buenos Aires, 1918.

Sus enclaves más relevantes

Postal antigua. Club Náutico de A Coruña. Fuente: todocoleccion.net

La abundante presencia de bucetas hizo que otras tipologías de embarcaciones tradicionales fuesen eclipasadas y desapareciesen en zonas concretas. Fue así como las dornas fueron perdiendo terreno  en Porto do Son y los botes desde la Ría de Muros hasta Fisterra. Además, las bucetas adquirieron características propias. El perfeccionamiento a manos de los excelentes carpinteros de ribera de Muros y O Freixo consiguieron que estos barcos fuesen más rápidos y seguros. Este modelo propio es lo que se conoce como canoa muradana que se extendió por toda la ría.

A las bucetas del Golfo Ártabro y de toda la costa norte se le añadieron amplios corredores. Esta incorporación pudo ser debida a las leyes que se fueron implantando con el paso de los años para las mejoras en seguridad. Son muy pocas las originales que se conservan y muchas lo hacen con artefactos añadidos tales como las cabinas.

Buceta Lelia Doura. Asociación Cultural Os Patexeiros de Sada.

En el puerto arousán de Carril las bucetas llegaron a ser el tipo de embarcación más corriente llegando hasta los 6 metros de eslora. Se dedicaban principalmente al marisco a flote pasando por toda la Ría de Arousa sus rastrillos. Alguna vez salían también a pescar pero a poca escala. Los días de fiesta los aparejos quedaban en tierra para poder participar en la ya citadas regatas de San Fidel.

Buceta de Gran Canaria ca. 1970. Fuente: apuntesjdrz.blogspot.com

La historia de esta sencilla embarcación traspasó fronteras y sus derroteros nos llevan hasta las Islas Canarias, a donde probablemente llegó desde Galicia de un modo discreto y humilde. La buceta de la imagen («Ana Celis») se construyó en 1935 en Las Palmas, donde se utilizaría como barco auxiliar, principalmente para servicios portuarios.

Sobreviviendo a la era moderna

Con la expansión de los motores las bucetas fueron perdiendo presencia, a pesar de que se adaptaron al motor fueraborda. Su construcción se vio paralizada, como la del resto de embarcaciones tradicionales, con la incorporación de materiales sintéticos a la construcción naval. Hoy en día se pueden ver bucetas en relativo buen estado en la Ría de Muros y Noia pero en un número muy reducido respecto a ese pasado no tan lejano.

Na fasquía dos barcos anónimos 
postos a flote pola madrugada 
extraviados no roteiro do serán 
persistiron sempre
a mesma foula e o mesmo ronsel.

TRAVESÍA
Manuel Antonio; De catro a catro. 1928

Hoy sobreviven esos contados ejemplares con fines recreativos gracias a la labor de recuperación y mantenimiento que desempeñan varias asociaciones de embarcaciones tradicionales que se extienden a lo largo de todo el territorio gallego.  Desde la Federación Galega pola Cultura Marítima e Fluvial (Culturmar) se apoyan este tipo de iniciativas altruistas para que las embarcaciones tradicionales no se conserven como piezas de museo sino que continúen estando presentes y navegando en las rías.

Marina Tradicional de Muros

Desde Bluscus os invitamos a conocer el rico número de tipologías de embarcaciones tradicionales y a navegar por las rías gallegas. Apostamos por mostrar la esencia de nuestra costa, un mar lleno de velas .

Foto de portada de Carlos Rosón

Notas:

[1] Fuente consultada: http://www.patrimoniovilagarcia.com/las-actividades-ludicas-en-carril

Recursos recomendados:

Blanco, Jesús; Guía de embarcaciones tradicionales gallegas. Nigra Trea, 2008.

About the author

Estudié Historia del Arte, una carrera que me animó a viajar e incluso a trasladarme por un tiempo al Mediterráneo. Pero mi mar es otro y mis anclas han estado siempre echadas en Galicia. Gran parte de mi vida la pasé a los pies del río Ulla, en Catoira, con familia a uno y otro lado de las aguas que separan las provincias de A Coruña y Pontevedra, que a la vez se abren hacia la más grande y céntrica de las rías gallegas, la ría de Arousa. Esta posición estratégica, y el viejo coche de mis padres, me permitieron conocer desde muy pequeña gran parte de la costa gallega que tanto me fascina. Al igual que gran parte de los gallegos, siempre he mirado al mar con sentimientos que ondean entre el respeto y el placer al ver en él una fuente de trabajo importantísima pero también de relajo y diversión. Además, cada vez que uno de sus tesoros gastronómicos se presenta ante mi consigue sacarme una sonrisa. El sabor a mar es uno de mis favoritos.

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