+34 657 63 59 99 Horario de verano: De lunes a sábado 10.00 a 14.00 y 16.00 a 19.00 info@bluscus.es
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costa da morte

Todos los gallegos sabemos que la siempre eterna división entre Rías Altas y Rías Baixas salta por los aires a medio camino, donde el mar y la costa se unen en un mágico hechizo para hacerse llamar Costa da Morte.

Sus lugareños saben de mar porque llevan siglos e incluso milenios mirando hacia su horizonte. Ya los habitantes de sus castros, numerosos por estas tierras y muchos de ellos ocultos aún bajo pequeñas colinas, oteaban la línea para salvaguardarse de peligros e invasores.

No es de extrañar ver cada mañana en los numerosos pueblos marineros que surten Costa da Morte, marineros y marinos que aún hoy no saben iniciar su jornada sin saludar a las aguas del Atlántico que tantos sueños se han llevado y tantas riquezas les han proporcionado.

Nadie mejor que los habitantes de Costa da Morte conocen los secretos de un mar embravecido a veces y sereno y dulce en otras. Un mar que galopa, en días de temporal por los muros de puertos como el de Corme, el de Laxe o el de Malpica, moviendo con una fuerza descomunal grandes bloques y sorprendiendo, cada vez más, a sus gentes. Un mar sereno, dulce, armonioso que recibe a visitantes en verano y que esconde receloso fantasmas,  misterios y leyendas sólo trasmitidas de padres a hijos.

Puerto de Laxe
Puerto de Laxe

Como la del motor de un viejo vapor que en su día navega frente a la Costa da Morte y que hoy aparece petrificado en uno de sus accesibles acantilados; como la de la cabeza del vasco que se deja ver a miradas de curiosos y visitantes dibujando su silueta en el horizonte del Atlántico; como la de las cruces en plena costa que recuerdan a tantos y tantos marineros, marinos y pescadores que permanecen por siempre en sus aguas.

O simplemente, como la los cientos de barcos, navíos, pequeñas embarcaciones, que naufragaron frente a esta Costa, bien por su propia orografía, caprichosa y exigente en la competencia de patrones y capitanes, o por la pillería de estas gentes, ávidas de hacerse con los tesoros que pasaban por delante de sus moradas.

Leyendas, testimonios, historias de marinos como el del Almirante Mourelle que navegó a finales del siglo XVIII por el Pacífico, alcanzando destinos como Alaska o las Islas Filipinas. Su arrojo, su conocimiento de las leyes del mar y su buen hacer lo heredaron hoy todos los hombres de Costa da Morte.

Historias como la que vinculan al maravilloso paraje de la Playa de Balarés, en Ponteceso, con un pasado relacionado con la Alemania de Hitler, al encontrarse allí la principal vía de salida al mar, y a los submarinos nazis, del wólfram, tan necesario para la industria armamentística alemana.

Playa de Balarés
Fotografía: Camiños do mar

Testimonios como los de las mujeres, cuyos hombres salen cada día a labrarse su futuro, y que los esperan al caer la tarde con capachos en los que depositar los quiñones de pescado que le corresponden y garantizar la economía familiar. Mujeres hechas, igual que los marineros, de una madera especial, con una piel curtida por el salitre y con una forma de ser condicionada por el mar: mariscadoras, rederas, artesanas,… todas ellas no dudan en contribuir al núcleo familiar, no sólo cuidando de sus hijos, sino sustentando buena parte de los ingresos familiares. Mujeres con iniciativa, tesón, actitud y, sobre todo, mucha voluntad.

Queda para el final, los paisajes de Costa da Morte; la sorpresa con la que el visitante otea el horizonte sin llegar a ver la milésima parte de un velero ya registrado y analizado por las pupilas de los lugareños; la grandeza de panorámicas nunca repetidas y siempre cautivadoras de escenarios como el Monte Blanco o los distintos faros que pueblan la Costa da Morte y que sirven de enlace entre tierra y mar. Apéndice en este punto para el Faro de Punta Nariga, el último construido en la costa española, realizado por el arquitecto César Portela y que se descubre al visitante queriéndose parecer, en tierra, a un navío que surca el mar.

faro punta Nariga
Fotografia: minube.com

Paisaje también el de las Islas Sisargas, paraíso del descanso para las miles de gaviotas que cada noche se recogen en este archipiélago.

Rutas maravillosas de senderismo, en las cuales el entorno  y el simple placer del observar distraerán al caminante de los agrestes y salvajes caminos por las que discurren. Parajes escondidos al ojo del visitante, donde nunca llegará  si no le lleva alguien.

Playas y calas en las que el mar deposita sus más preciados tesoros, como cristales de mil y una forma, de mil y un color y recuerdos de los tripulantes y marinos que navegan frente a Costa da Morte. No se extrañe si encuentra  algún mensaje en una botella, la mayoría de ellos procedentes de las costas estadounidenses y conducidos hasta aquí por las corrientes del medio del Atlántico.

Costa da Morte, hechicera y mágica, que guarda y defiende fiera y bravía secretos compartidos entre el mar y la tierra, sólo salvaguardados por sus gentes. Visitarla es una obligación, conocerla un privilegio.

 

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