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Mariscar en Galicia, un oficio de museo

Victoria y Josefa, así se llaman las dos mujeres de la asociación Guimatur, que el pasado 24 de mayo nos enseñaron,  desde su extensa experiencia, el arte del mariscar en Galicia. Aunque a tenor de la forma con la que contaban su experiencia vital, más que un arte es un auténtico modo de vida. La pasión y el amor que estas mujeres nos trasmitieron por su trabajo hizo que me plantease incluso meterme a mariscadora y todo. Y ya os aviso que no es fácil pues ¡hay lista de espera!.

Yo solía pensar que eso de mariscar sólo consistía en esperar a que bajase la marea, coger un barreño, el carnet de la Xunta (PERMEX), un “angazo” y salir a la playa a coger almejas. Sin embargo Victoria (descalza en todo momento mientras los demás llevábamos nuestras correspondientes botas) y Josefa (redera, otra profesión preciosa) nos demostraron que su labor va más allá de recoger estos bivalvos del mar.

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Victoria me contaba que “además de recolectar estos bivalvos, debemos limpiar la playa de algas, sembrar la nueva semilla, y vigilar que los furtivos no se lleven nuestra fuente de ingresos de manera ilegal. Debemos respetar las leyes, vedas y tamaños, para que de esto no sólo podamos vivir nosotras sino nuestras hijas y las hijas de nuestras hijas”.

Pero  ¿cuándo se empezó a mariscar en Galicia? El marisqueo fue una actividad para el auto-abastecimiento propia de la población que no contaba con otros medios de subsistencia.

Hay dos tipos: el marisqueo a flote y a pie. El marisqueo a flote  se realiza desde pequeñas embarcaciones y sobre todo es llevaba a cabo por hombres.  El marisqueo a pie se realiza a pie de playa y  para el que no se precisa de más utillaje que las manos y es llevado a cabo por las mujeres.

almejas de Galicia

A lo largo de la historia la transmisión del oficio ha pasado de madres a hijas, generación tras generación.

Así Victoria nos decía con nostalgia que: “cuando yo era pequeña mi madre me llevaba con ella al puerto a jugar con los demás niños mientras ella mariscaba. Era una forma de espantar a las gaviotas pues, al jugar, gritábamos más que ellas. Si las gaviotas lograban hacerse con alguno de los pescados que los hombres habían desembarcado en puerto o con alguna almeja recolectada, mi madre me tiraba de las trenzas” .

Esta actividad empezó a tener un carácter comercial a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Los moluscos fueron los productos que permitieron a la industria conservera superar la crisis de la sardina, abriendo nuevos mercados.

Hoy día uno de los principales problemas con los que se encuentra este oficio antiguo, agravado por la crisis, es el furtivismo.

Las guías de Guimatur explican que: “debemos hacer turnos, incluso de noche, y contratar seguridad para evitar que los furtivos se lleven nuestro esfuerzo. Es un trabajo comunal”.

Para evitar este problema del furtivismo y otros como que se esquilmen los bancos de arena, el oficio de mariscar se encuentra fuertemente regulado por ley, hasta tal punto que, nos contaban, que cada una tiene un cupo y que si en Navidades alguna quiere llevarse algo a casa, debe descontarlo del cupo que tiene permitido para comercializar.

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Con los años las mariscadoras se han organizado en asociaciones en las que se reparten el trabajo y defienden su oficio. Han pasado de ser recolectoras a cultivadoras, vigilan, planifican el trabajo, limpian las playas, seleccionan y clasifican el producto. Todas juntas, nuestras heroínas a pie de playa. Han conseguido que su producto alcance un alto valor, lo que contribuye al desarrollo local y comunitario.

En definitiva, las mariscadoras han logrado a través de una mejora laboral mayores cuotas de libertad y de poder, y esto no es sólo un paso adelante para las mariscadoras sino para todo el sector y las poblaciones costeras.

 

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Pilar Ureta

Desde siempre me he sentido atraída por el mar. Me crié junto al él, respirando su día a día, en un pueblecito pesquero cerca de Sanxenxo. Eso me enseñó lo importante que es para muchas familias y el papel fundamental que juega en el mantenimiento del equilibrio ecológico en nuestro planeta. Por eso, ya desde muy pequeña, tuve muy claro que quería ser de mayor y en que quería poner todos mis esfuerzos. Así que me licencié en Ciencias del Mar y me hice oceanógrafa. Pero no me quedé ahí, porque yo quería transmitir mi pasión por el océano y sus recursos, y poner mi granito de arena en lo que pudiese, en concienciar sobre la importancia de cuidarlo y poder vivir de él no sólo en el presente sino también en el futuro. Se me ocurrió que una buena forma de hacerlo era llevando el mar a la gente, y que mejor forma que a través del turismo. Por lo que me decidí a hacer el Ciclo Superior en Guía, Información y Asistencia turística en Vigo. Actualmente, y tras terminar estos estudios, me encuentro realizando prácticas en la mejor empresa que pude encontrar, pues me permite llevar aunar mis conocimientos sobre el mar, con la experiencia de lo que es la vida en el mar hasta la gente, hasta el turismo: Bluscus

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1 comentario

  1. Turismo Digital
    4 semanashace Reply

    Muchas gracias por compartir este artículo, indudablemente una buena información. ¡Prosigue escribiendo!

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