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Las leyendas marineras de la Bretaña Francesa

leyendas marineras

Los cuentos y leyendas forman parte del alma bretón. Como todas las naciones celtas, Bretaña es tierra de leyendas, donde se mezclan el mito y la realidad. La más conocida es sin ninguna duda la del Rey Arturo, pero hoy os voy a contar parte de las historias que se transmitieron desde la antigüedad en los pueblos marineros.

La ciudad sumergida de Ys

Una de las leyendas bretonas es la de la imponente ciudad de Ys, construída sobre el nivel del mar y que poseía unos grandes muros para resguardarla de las tempestades.

La ciudad de Ys la reinaba el noble Gradlon el Grande, el cual había perdido a su esposa dando a luz en mar abierto, sobreviviendo la hija, Dahut. Dahut, la cual había adquirido fama por su irresistible belleza, organizaba desenfrenadas fiestas en las cuales elegía y asesinaba a sus amantes, arrojando sus cuerpos al mar. Con todo ésto la ciudad de Ys se sumergió en el pecado, y posteriormente, en el mar, ya que después de una furiosa tormenta surgió una gran ola que engulló a la ciudad.

Otra versión de la leyenda, sugiere a un misterioso caballero (atribuído al diablo) que engatusó a Dahut para que robase la llave de las puertas del dique de la ciudad del collar de su padre, el rey Gradlon.

Cuando el rey intentaba escapar con su hija Dahut montado en su caballo capaz de cabalgar los mares, una voz le ordenó a abandonar a su hija, ya que solo le había traído y le traería desgracias. Fue cuando ella cayó al agua y se ahogó.

Esta leyenda trae consigo una amenazadora profecía, ya que se menciona que una bella ciudad renació tierra adentro, en París (París significa “igual que Ys” en lengua vernácula), y que “cuando París sea, un día, engullida por las aguas, resurgirá la esplendorosa Ys”.

Hay muchas otras historias de distintas culturas que incluyen ciudades engullidas por el mar, como la de la Atlántida, que también fue castigada por los dioses debido al pecado que reinaba en sus habitantes.

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Los Morgans de la isla de Ouessant

En las profundidades de las aguas del Finisterre francés se encontraba un pueblo marinero sumergido llamado los Morgans. Eran hombres y sobre todo mujeres de una gran belleza. Sola Mona Kerbili, una joven nativa de Ouessant, bella como si fuese una Morganès, pudo vivir en su palacio en el océano.

Deslumbrado por su belleza, el rey de los Morgans llevó a Mona al fondo del agua. El rey se enamoró profundamente de ella, y su hijo también. El viejo Morgan rechazó la alianza de los dos jóvenes y obligó a su hijo a casarse con una Morganés de buena familia. La noche de boda, el rey decidió ejecutar a la bella Mona: la pobre tuvo que acompañar a los recién casados al tálamo nupcial y llevar una vela en sus manos. Cuando éste fuese consumido hasta su mano, la matarían.

Cuando se consumió casi toda la vela, el hijo dijo a su esposa de cogerla mientras Mona encendía un fuego. El rey, que se había quedado detrás de la puerta, preguntó si se había consumido la vela y la Morganés le contesto que sí. De repente entró el rey en la habitación y le dio un golpe de sable sin mirar, matando a la joven esposa. Más tarde, aceptó que se casasen Mona y su hijo, pero esta acabó por tener nostalgia de su isla bretona. Cuando volvió a tierra, el viento borró todos sus recuerdos de sus aventuras submarinas, hasta el día en que consiguió oír a su marido lamentarse de que no regresaba. Mona se entregó en sus manos y desde aquel día, nunca fue vista de nuevo.

 

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El “Bag-Noz” o “Barca de la Noche”, también llamado “Barca de los muertos”

La historia de la barca de los muertos fue una de las primeras leyendas del litoral bretón. Como en la mayoría de las leyendas marineras del mundo, las almas de los muertos perdidos en el mar embarcaban en una nave de color oscuro llamada “la barca de los muertos”.

En Bretaña, era el Bag-Noz que venía a recoger estas almas: se contaba que una vez separadas del cuerpo, no podían franquear un curso de agua sin la ayuda de un barco o de un puente. Lo que ahora es una leyenda fue una real creencia entre los bretones hasta el siglo XX. De hecho, hasta aquella época, se colocaba una moneda en la mano del difunto para pagar al barquero. Los marineros llevaban un anillo de oro en la oreja para poder pagarlo por si acaso morían en el mar.

El Bag Noz podía surgir en cualquier momento delante de los marineros, pues eran numerosos los que lo habían visto. Se cuenta que todos los que intentaron perseguirlo murieron. Los pescadores que se encontraban enfrente del Barco de la Noche tenían que santiguarse para protegerse y alejarse de la muerte.

El barquero es el equivalente del Ankou, el siervo de la muerte que recoge a los habitantes terrestres en su carreta. El “Ankou del mar” solamente era capitán durante un año. Después de ese año, una vez su deber cumplido, podía ir a descansar y dejar su sitio al primer ahogado del año.

Existen otras leyendas que se fueron retransmitiendo en la cultura popular de Bretaña mediante el boca a boca, y fue en el 1839, cuando Théodore Hersart de la Villemarqué publicó una colección de canciones populares recogidas de la tradición oral. Con ello consiguió que muchas de estas historias se hiciesen reconocidas y, posteriormente, inspirando a grandes músicos como Claude Debussy, pintores, escritores y hasta a desarrolladores de videojuegos.

Muchos aseguran haber oído los gritos y lamentos de los muertos en los mares de Douarnenez y hasta avistamientos del campanario y en las proximidades.

Nos encantan las leyendas marineras, ¿y tú, conocías éstas?

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