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Monte Santa Tecla

Para los gallegos la comida es un ritual, una parte fundamental de un patrimonio inmaterial que surge de forma espontánea alrededor de grandes mesas. La gastronomía es indudablemente uno de los referentes culturales y turísticos más atrayentes de Galicia. Hoy vamos a descubrir cómo se alimentaban los primeros galaicos, los hombres y mujeres de los castros, para comprobar si las costumbres alimentares de los gallegos han evolucionado o si por lo contrario se han mantenido con el paso de los años.

La comida es un ritual tanto para nosotros como para los primeros habitantes de nuestras tierras

Los castrexos, contrariamente a lo que se pueda pensar, tenían una economía de subsistencia basada en un variado abanico de alimentos. La caza y la recolección son las técnicas más comúnmente vinculadas a la Prehistoria pero también se hacía uso de la agricultura y la ganadería así como de la pesca y el marisqueo en aquellos lugares próximos a ríos o al mar. Esto nos indica la existencia de una dieta más rica y diversificada en la zona costera al contar con una mayor cantidad de víveres. El sabor a mar de las exquisiteces marinas ya fue testado hace miles de años, desde Bluscus te damos la oportunidad de degustarlo también en nuestro showcooking con sabor a mar.

Todas las evidencias apuntan a que el mar fue utilizado como fuente de alimento durante todo el período denominado popularmente como Cultura Castrexa desde su fase más inicial, cuyo ejemplo más característico sería el Castro pequeño de Neixón (Boiro), hasta la época de mayor esplendor representada en el Castro de Santa Tegra (A Guarda).

castro santa tegra
Flickr © juantiagues – Vivienda castrexa en Santa Tegra

Los estudios arqueológicos documentan un centenar de castros tan sólo en el margen litoral. Ha sido en los yacimientos costeros donde se han encontrado vertederos con desperdicios que pasaron a denominarse “concheiros” por la gran cantidad de conchas que albergaban. A través de su análisis se ha podido comprobar cuales eran las especies que en mayor medida alimentaban a los castrexos. Estos datos nos revelan también el hecho de que las conchas eran meros residuos y no se usaron como fertilizante, práctica que se ha venido utilizando tradicionalmente en los campos agrícolas de la costa gallega.

Almejas, berberechos, mejillones, navajas, lapas, ostras, centollos, percebes y erizos son las principales especies de marisco que aparecieron en las excavaciones. Del reconocimiento de los restos se descubrió que su tamaño excedía la talla comercial actual, debido tanto a una mayor abundancia del producto como a un menor índice de población. Sabemos también que el marisco podía ser comido tanto crudo como cocinado de maneras diferentes, primando la cocción. Actualmente existen multitud de recetas con el marisco como ingrediente principal, si quieres aprender algunas de las más especiales apúntate a nuestro taller de cocina marinera. Es sabido que las ostras en escabeche eran todo un manjar para los castrexos ya en la época de la romanización.

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En cuanto al consumo, variaba dependiendo de la estación del año, en invierno debido a las condiciones más agrestes del mar la extracción decrecía en favor de los alimentos cultivados que eran almacenados para garantizar excedentes de comida durante todo el año. Los estudiosos creen que las técnicas de marisqueo utilizadas debieron ser a mano o con rastros sin descartar la idea de que existiesen embarcaciones rudimentarias desde las que también se faenase sin alejarse mucho de la costa. Ya en época romana, los castros más desarrollados del litoral, tales como Santa Tegra, Vigo, Donón o Punta dos Prados, ampliaron el área de captura de los recursos marinos hasta llegar a los tres quilómetros. Este hecho supuso la necesaria mejora de las técnicas utilizadas hasta entonces. Para ahondar en el arte del marisqueo puedes aprender en la Ría de Arousa o iniciarte en el taller de marisqueo con degustación en A Illa de Arousa.

A Lanzada
Flickr © amaianos – Yacimiento de A Lanzada

En lo referido a la pesca, las especies consumidas principalmente eran prago, merluza, besugo, dorada, congrio, jurel, caballa, sargo, pancha, maragota, faneca y lubina. La forma de cocinar esta panoplia de pescados iba desde cocidos a asados o fritos en grasa animal pudiendo ser también ingeridos crudos. De las técnicas de captura conocemos el uso de anzuelos y la inexistencia de redes, que comienzan a utilizarse en una época más tardía. La pesca no era realizada tan sólo en la costa pues también hay conocimiento de prácticas de pesca fluvial.

Sobre la elaboración de estos manjares sabemos que la cocina de los castros, la lareira, se situaba en el centro de la casa y que solía adoptar una forma circular. Su situación en la vivienda empieza a cambiar en época romana aunque continuará como elemento destacado en la arquitectura gallega por mucho tiempo. Sobre la lareira o cocina una cuerda sujetaba la cazuela regulando su cercanía o distancia del fuego. Esta olla era normalmente de barro ya que no se conoce la existencia de potes de hierro en esta época. Los bancos de piedra corridos que aparecen alrededor de algunas viviendas en diferentes castros parecen indicar, como así defienden algunos historiadores, la existencia de celebraciones ocasionales a modo de banquetes comunitarios en los que el reparto de comida era marcado por el status jerárquico del comensal.

Flickr c fran eirin Erizos de mar
Flickr © fran eirin – Erizos de mar en un banquete de lapas, caramuxos…

Podemos concluir que, a pesar de los años que nos separan de las gentes que habitaban los castros, los gallegos seguimos disfrutando de la delicias que el mar nos proporciona y de una forma muy semejante. Los grandes banquetes con presencia de marisco incuestionables en cualquier celebración gallega se remontan, como ha podido comprobar, a la época castrexa. El primero en elogiar las particularidades de los frutos del mar gallego fue el poeta romano Marcial en el s. I d.C. Y  es que si durante tantos y tantos años los productos capturados en las rías gallegas fueron la preferencia de los galaicos es porque sin duda su calidad es sobresaliente.

Venerabilísimo entusiasta del derecho y de las justas leyes,

que gobiernas con tu verídica voz el foro latino,

si encargas algo, Materno, a tu paisano y viejo camarada,

para el Océano Callaico

o piensas que es mejor en la ribera laurentina […]

Mientras hablo, velaí que regresa el pescador con el cesto vacio,

y el cazador llega orgulloso con un tejón cazado:

toda la comida llega hasta la orilla del mar desde el mercado de la Urbe..

Si me encargas algo para el Océano Calleico…

Marcial, X, 37.

Imagen de portada: www.charmeblog.com

About the author

Estudié Historia del Arte, una carrera que me animó a viajar e incluso a trasladarme por un tiempo al Mediterráneo. Pero mi mar es otro y mis anclas han estado siempre echadas en Galicia. Gran parte de mi vida la pasé a los pies del río Ulla, en Catoira, con familia a uno y otro lado de las aguas que separan las provincias de A Coruña y Pontevedra, que a la vez se abren hacia la más grande y céntrica de las rías gallegas, la ría de Arousa. Esta posición estratégica, y el viejo coche de mis padres, me permitieron conocer desde muy pequeña gran parte de la costa gallega que tanto me fascina. Al igual que gran parte de los gallegos, siempre he mirado al mar con sentimientos que ondean entre el respeto y el placer al ver en él una fuente de trabajo importantísima pero también de relajo y diversión. Además, cada vez que uno de sus tesoros gastronómicos se presenta ante mi consigue sacarme una sonrisa. El sabor a mar es uno de mis favoritos.

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