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Oficios marineros es una serie importante dentro del ambiente Bluscus, pues es como una radiografía de esta temática que tanto nos gusta y de la que hemos hecho nuestro leitmotiv. Con este concepto en mente es como se desarrollan estas entrevistas, y hoy nos movemos hasta San Ciprián, en Cervo, para charlar con Francisco Fra, carpinteiro de ribeira tradicional. Un oficio con siglos de existencia que lucha por mantenerse vivo en unos tiempos en los que por desgracia tiende a la desaparición. En esta entrevista descubrimos con Fran cómo ha cambiado en Galicia el arte de convertir la madera en barco y por qué se debe mantener, cuando no recuperar directamente.

Francisco, ¿cómo definirías tu trabajo?

El mejor trabajo del mundo, esa es la definición perfecta.

¡Eso fue lo mismo que nos respondió una mariscadora…!

Ah, muy bien, gente contenta con su trabajo, eso vale mucho (risas).

Y veo que tú también lo estás, porque ¿cuánto tiempo llevas en esto?

A ver, yo realmente llevo toda la vida, porque mi padre me traía de “pícaro” ya para aquí, entonces yo estaba en el astillero seguido. Pero llevo desde el 85/86, cuando acabé Formación Profesional. Mi padre me dijera si quería hacer Ingeniería Naval en Ferrol, pero yo preferí seguir aquí, porque de hecho, si no siguiera aquí y hubiera hecho Ingeniería Naval, se hubiera perdido el relevo generacional.

Yo aprendí aquí con mi padre y con mi tío y realmente es así cómo coges el oficio, eso no se aprende en la escuela.

Y al aprenderlo en familia, ¿cómo se regula? Es decir, existen condiciones o reglamentos oficiales…

Sí, vamos a ver, antiguamente eran los propios carpinteros los que hacían los planos y todo. Ahora mismo cuando vas a hacer un barco tienes que solicitarlo en Capitanía, nueva construcción, y es un ingeniero naval el que hace el proyecto, que son los que marcan las pautas.

Hablando de proyectos, ¿qué tipos de embarcaciones haces?

Pues vamos a ver, nosotros siempre hicimos embarcaciones de trabajo. Mi familia ya hacía embarcaciones de cabotaje en sus tiempos, y de pesca, que era lo que más se hizo últimamente. Yo empecé trabajando en embarcaciones de pesca, aunque siempre se hacía por el medio alguna embarcación menor de recreo. Qué pasa, que ahora con tantos problemas la pesca fue a menos, pero de recreo se hacen y sobre todo se reparan.

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Francisco Fra, una vida de dedicación.

A ti realmente, ¿cuál es la que más de motiva o te encandila para hacer? ¿Cuál prefieres?

Hombre, a ver, realmente me gustan todas. Yo cuando me pongo a hacer un trabajo siempre le pongo todo el entusiasmo del mundo. Pero no te sabría decir: me gustan las embarcaciones tradicionales, me gustan las embarcaciones de vela… Pero todos los trabajos me gustan.

¿Y cuánto tiempo te llevan aproximadamente? Dependerá del tipo de embarcación, pero más o menos.

Claro, es que es un poco relativo. Porque a lo mejor nosotros hacíamos un barco en un año, un barco ya un “pouquiño” más grande, pero también dependía de la gente que trabajara en él. Al mismo tiempo tardabas en hacer un bonitero, que es un barco de 16 metros, pero claro, porque en el bonitero trabajaba más gente.

Porque ¿cuántos trabajadores sois?

Ahora mismo estoy yo solo, cuando empecé yo aquí con mi padre teníamos a dos más además de mi padre, mi tío y yo. Éramos cinco en total. Ahora lo hago yo, excepto que el barco sea un poco grande que entonces contrato a un carpintero o dos para que me echen una mano.

Y en cuanto a temporadas imagino que las hay de mayor trabajo que otras ¿no?, ¿o suele ser una demanda constante?

Sí a ver, siempre hay más ahora que se acerca el verano, es decir, no de hacer nuevo ¿eh?, pero lo que es en reparaciones, la gente quiere tener el barco listo para el verano y tal, en lo que es el sector de barcos de recreo.

¿Qué tipo de clientes tienes entonces, tanto profesionales como de recreo?

Sí, profesionales y de recreo, ahora más bien todo es quizás más de recreo, donde estoy yo, hay en otros sitios que no, que son puertos más pesqueros y tal. Pero ahora donde estoy yo, la pesca fue bastante a menos entonces lo que hay es más de recreo.

Y Fran, al ser este un oficio tradicional, no sé si han cambiado mucho las cosas de la época de tu padre a ahora. Pero por ejemplo ya me decías que antes erais cinco hombres y ahora eres tú solo. Me pregunto, así como en el caso de las mariscadoras que eran siempre mujeres, ¿en la carpintería han sido siempre hombres?

Sí, todo hombres. Mujeres realmente no las hubo nunca, no porque no valieran, es decir todas las personas valen exactamente igual para esto. Pero no sé, las mujeres ya no tiraban para estos oficios, era muy raro ver a una mujer en esto, de hecho yo no lo vi nunca. Lo que sí, siempre recuerdo ver a una mujer en un aserradero cuando íbamos a buscar madera, era la única mujer que yo vi a cargo de un aserradero, pero en nuestro oficio no.

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La carpintería de Fran atestigua siglos de historia carpintera.

¿Hay otras diferencias? Es decir, técnicas, herramientas…

Bueno, el sector de los carpinteros de ribeira siempre fue un poco especial, porque había como cierto secretismo de los maestros carpinteros que no decían sus técnicas y tal, había quien se escondía para trazar y eso… Yo recuerdo que en mi familia siempre se hizo todo a la vista de la gente, de hecho, como mi familia lleva muchos años, yo soy la séptima generación, de aquí aprendieron muchos carpinteros de los que después tuvieron astilleros aquí en San Ciprián.

¿La séptima generación?

Sí, bueno, ya en el año 1806 mi familia hacía barcos.

¡1806…! Entonces elementos como las herramientas que te preguntaba o cosas así deben haber cambiado mucho…

Vamos a ver, en carpintería de ribeira…sí, vinieron las máquinas eléctricas y todo eso pero hay que hacer mucho trabajo todavía a “mao”. Las máquinas que se usan hoy en día, bueno, ya se usan hace unos cuantos años, lo que serían sierras de cinta, cepilladoras o taladros, esas cosas sí. Lo que pasa que hay mucho trabajo manual. Porque hay que ir haciendo pieza a pieza, dándoles un acabado, una forma final, para un ajuste, para un encaje… Digamos que lo gordo se le quita en la máquina pero después hay que darle un toque a “mao”.

Entonces, entre barco de madera y barco de poliéster…

Hombre… El barco de poliéster es la contaminación más grande que pueda haber. Mira, hicieron un estudio en el que se comparaba el nivel de CO2 expulsado a la atmósfera durante la vida de un barco de madera y otro de poliéster, la comparativa, de un barco de 21 metros de eslora durante 20 años de vida. Uno de poliéster desde que se hace hasta que se destruye, emite 110 toneladas; uno de madera, diez, incluyendo el gasoil de la retroexcavadora para plantar el árbol con el que se va a hacer el barco.

Eso en cuanto a lo ecológico, lo sostenible y todo eso. Y después en cuanto a navegación (uno de poliéster) no navega igual que un barco de madera ni navegará en la vida. ¿Por qué? Porque un barco de madera, lo que es la obra viva, tiene mayor densidad y por lo tanto pesa más, aumenta el peso en la zona sumergida y por lo tanto tiene más estabilidad repartida por toda esa zona sumergida. En cambio un barco de “ferro”, la densidad del hierro es la misma la de la quilla que la de la punta del palo.

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La importancia del trabajo manual es grande en este oficio.

Eso entronca directamente con la salvaguarda del sector patrimonial ¿no?, de lo tradicional.

Claro, es que esto es positivo para el pueblo donde está, para el concello, para Galicia y para el Estado español. Es positivo para todo, porque mira nosotros estamos haciendo aquí barcos, pasa gente por fuera y a todo el mundo le llama la atención cómo se hace un barco. Sobre todo cuando pasan turistas extranjeros son los que primero se quedan a mirar.

Fran, para concluir y no robarte más tiempo. ¿Cómo es la experiencia de enseñarle tu trabajo a alguien que a lo mejor lo desconoce por completo?

Bien, la verdad es que me gusta. Me gusta hacerlo y a la gente que viene le gusta, para mi es una satisfacción y también me motiva que la gente salga contenta. Siempre te preguntan, y cuando ves a la gente interesada es un gusto. Otros vienen e incluso cuando se van aplauden, no sé, lo que les salga en ese momento.

Porque después se ven las cosas cuando no se tienen, y se dice “ostrás, mira que tienen estes” cuando a lo mejor lo ven en Noruega, en Inglaterra o en Francia, pues muchas veces lo tenemos “na puntiña do nariz” y no lo vemos. La supervivencia de este oficio pasa un poco por aquí, porque esté abierto al público y por mostrar el trabajo que se hace, por dar a conocer nuestra cultura y meter un poco a la gente en la tradición marinera.

Aquí rematamos la charla con Francisco, contagiados por la pasión con la que habla de su trabajo y contentos de encontrarnos con gente que se sienta tan orgullosa de su oficio. 

About the author

Desde pequeño viví al son de las pequeñas playas de Teis, en Vigo. Ya siendo un niño me acostumbré a unas vistas únicas de la ría. Un tesoro que no todos tienen a mano. Entre otras cosas estudié turismo, interesándome por el patrimonio de Galicia y de Vigo en especial. Es por eso que de vez en cuando escribo en este blog.
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